Presión. Esa
que siempre ha estado ahí y que recorre todos los poros de tu cuerpo. Esa que te envenena
de una necesidad de ser perfecta, necesidad
que cada vez más, tienes presente. Quieres ese control, manejar cada parte de
tu vida. Saber que puedes hacer lo que quieres.
Conseguir lo que te propones. Huir si algo sobrepasa tus límites. Pero
aún no es el momento, y lo sabes, y te
duele. Llevas luchando por ello un tiempo y aún no hay resultados. Se te escapa de
las manos. Anhelas un control y
una perfección, pero para conseguir uno
tienes que renunciar al otro. Tienes clara cuál es tu preferencia, pero no estás segura
de querer pagar el precio. Te falta perseverancia y por una vez en
tu vida te alegras de ello. Es todo muy contradictorio. Lo sabes y te gusta que
sea así. Ten cuidado. Hasta ahora lo has
llevado bien, pero sabes que se te está escapando, poco a poco dejas de
controlar inconscientemente la situación, dejando que
tus más oscuras emociones te controlen. Estate atenta y oblígate a mantener la calma. La perfección puede ser importante para lo que buscas
en la vida, para lo que en este momento crees que te traerá la felicidad, pero
no a costa de lo que estas dispuesta a hacer. Contrólate.
Es importante. En un futuro será mejor. Te sentirás más orgullosa de ti misma
si consigues lo que quieres... de una buena manera. Sin arriesgarte de manera
innecesaria, sin ponerte en peligro.
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